Radiestesia
FUNDAMENTOS:
Para entender cómo trabaja el radiestesista debemos comprender como funciona nuestro cuerpo y nuestra mente. En primer lugar es necesario aclarar que tenemos dos hemisferios cerebrales con funciones diferentes. El hemisferio izquierdo es el que está vinculado con el pensamiento lógico y racional, tradicionalmente conocido como masculino. El hemisferio derecho, es más intuitivo y sensible, propiedades atribuibles a las mujeres. Tanto hombres como mujeres utilizamos un tipo de hemisferio u otro cuando realizamos distintas actividades. No obstante, el mundo racional, ambicioso y masculino en el que nos movemos, ha desequilibrado la utilización de los hemisferios con el consiguiente desuso del hemisferio derecho. Paralelamente, podemos enfocar este aspecto desde el punto de vista del pensamiento. Según Edgard De Bono existen dos tipos de pensamiento, el vertical y el lateral. Con el primero, se construye la ciencia actual, un conocimiento asienta las bases para futuros conocimientos. Es como la construcción de un castillo de arena en el que cada uno aporta un grano de arena. Con el pensamiento lateral es como los bebés y los niños se hacen su visión de la realidad. Primero, sin premisas ni hipótesis previas observan lo que ocurre a su alrededor haciendo conexiones. Van encajando piezas de un puzzle del que no tienen imagen previa. Relacionándolo con lo anteriormente comentado, el pensamiento vertical es que se realiza en el hemisferio izquierdo y el lateral el del hemisferio derecho. Ambos son útiles, cuando se encuentra el equilibrio, cuando somos capaces de pasar de uno a otro según las circunstancias.
El radiestesista utiliza el hemisferio derecho para obtener resultados. Para ello, debe estar relajado, sin tensión física ni psíquica. Su mente debe estar tranquila, sin premisas previas ni pensamientos que obstaculicen la llegada de información. ¿Cómo es que de un modo aparentemente tan sencillo se pueden obtener resultados tan increíbles? La respuesta está en el cuerpo energético. Todos conocemos el cuerpo físico, el que vemos y tocamos, sin embargo, desde hace siglos, algunas culturas ya tenían en cuenta el denominado cuerpo energético, que conecta el cuerpo físico con el mundo que le rodea. Su presencia está siendo demostrada recientemente en Occidente gracias a la Medicina energética y la cámara Kirlian, que es capaz de fotografiarlo. Además, la homeopatía, la Medicina Tradicional China, algunos tipos de masajes o algunas técnicas de cuerpo-mente (Tai Chi, Yoga, ChiKung), etc. basan sus conocimientos en él. Aunque en Occidente, todavía nos resulte extraño creer en este cuerpo energético tenemos numerosos ejemplos de su presencia a nuestro alrededor. Cuando nos sentimos mal con alguien o algo, cuando sentimos malestar, o estamos incómodos, cuando tenemos un presentimiento o intuición, cuando algo o alguien nos atrae, etc. es nuestro cuerpo energético el que está actuando. Desde el punto de vista físiológico, nuestro cuerpo físico está formado por millones de células en constante actividad de vida y muerte, interrelacionándose continuamente mediante reacciones químicas e impulsos eléctricos. No debemos extrañarnos, por tanto, que nuestro cuerpo emita algún tipo de energía y que ésta reaccione con el entorno favorable o perjudicialmente. Quizá debamos dejar actuar un poco más al hemisferio derecho y que nuestro organismo sienta por sí mismo y busque lo que más le convenga.